jueves, 5 de mayo de 2011

La verdad del villano.

Nadie lo llama por su nombre, como al resto de las cosas, sino que las llamamos en forma a nuestra conveniencia y/o acuerdo social sin acordar. A veces usamos eufemismos sin pensarlo, normalmente para preservar nuestras ideas, es la palabra que damos desde nuestra forma determinada desde la que vemos el mundo con nuestros ojos, a veces cerrados. Categorizamos, valoramos y asistimos a un sinfín de interpretaciones y hacemos que choquen entre ellas como estrellas que al colisionar deberían dar lugar a nuevos astros, nuevas ideas.

El debate y el diálogo hace que las ideas se enfrenten, se encaren y se desnuden en argumentos "basados" en la experiencia  y el conocimiento propio, ajeno o adquirido. Todo debate necesita de partes enfrentadas e interesadas desde diferentes posiciones y este se vuelve absurdo cuando alguna de las partes no está dispuesto a cambiar su punto de vista desde ya antes de comenzar. Esto es a lo que asistimos cada vez que vemos un debate político en televisión. ¿No es un juego absurdo?.
La política es relativa a un orden de un territorio con sociedad, debe estar en constante cambio y en relación a las necesidades de los ciudadanos, pero lejos de pretender ser un instrumento público normalmente han prevalecido los intereses individuales frente a los generales. La política no puede ser como un juego en el que cada cual elige su equipo y defiende sus colores, más bien debería ser una herramienta que sirva al conjunto de la ciudadanía para atender sus necesidades de forma acompasada.

Nada se puede juzgar sin transparencia, un juez necesita conocer todas las partes imputadas, pruebas e intenciones para poder hacer un juicio lo más justo posible. Hacer un juicio sobre el panorama político, social y económico en España es una intención absurda. En este país no se miente porque nos gusten las mentiras, sino porque nadie conoce la verdad, la verdad no se deja ver porque no hay ni rastro de transparencia y optamos por elegir unas siglas y defenderlas aunque sea desde un profundo desconocimiento de sus intenciones, o de las propias del votante.
El generalizado desconocimiento de la opción que más conviene a cada votante, que rara vez se preocupa por el fondo, se queda en las intenciones y promesas generales en base a las cuales vota a uno u otro color.

Multitud de empresas privadas ofrecen "servicios públicos" y a nadie se le ocurre pedir transparencia a un banco o una multinacional. Teniendo en cuenta cómo se acaban administrando los presupuestos estatales tampoco se puede decir que estos sean transparentes. El hecho de que un banco como el Santander genere sus máximos beneficios en un año de crisis histórica es, obviamente, porque ha hecho trampas. Las trampas desestabilizan y hasta el dueño de la panadería de mi barrio hace trampas cuando cotiza a sus empleados menos de la mitad de las horas que realmente trabajan.

Se equivoca quien intente buscar culpables que sean villanos malísimos, es la forma más fácil de focalizar la responsabilidad de los males a un claro culpable, pero lo real es que todos somos el culpable y la malicia es tan relativa como la percepción de quien la aplica y el observador que la califica como tal, peor aún si estos siguen dogmas o una moralidad definida, en ese caso el resultado se puede prever fácilmente como una sencilla ecuación matemática. Si hay razones para todo que mejor que dejar de elegir razones y empezar a cultivar la propia.

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