domingo, 17 de abril de 2011

Camisetas rojas.

A veces me sangran por la mañana, otras al atardecer o por la noche, con total indiferencia. Siempre es así, cada día, siempre igual. Al principio sólo me pasaba una vez por semana, normalmente en domingo, y no me preocupaba, simplemente el domingo me quedaba en casa. Pero con el tiempo se convirtió en un suceso diario con el que tenía que aprender a vivir.

Cada vez que me sangran los oídos lo noto y es muy desagradable. Siento como si pequeñas gotas de sangre descendiesen desde mi cerebro hacia el oído. Me produce un cosquilleo muy particular, a veces casi disfruto. Normalmente no me percato y acabo con la camiseta manchada, pero si lo noto me encajo un trozo de algodón en la oreja y listo. Otras veces la sangre desciende coagulada, entonces el hormigueo se intensifica y si el coágulo llega a la camiseta éste empieza a resbalar dejando rastros de su paso hasta llegar al suelo.

Ahora solo puedo comprarme camisetas rojas, y no de un rojo cualquiera, rojo intenso, rojo sangre. En el momento en que comenzó a parecer un disparate pensé en ir al médico, pero me aterrorizaba la situación. La verdad es que no me puedo quejar, realmente no he sufrido más que el tener que llevar de por vida camisetas rojas.